La Primera Guerra Mundial. Antecedentes
Tan inesperadamente grande, violento y devastador fue este conflicto, que fue llamado apropiadamente por quienes lo vivieron: La Gran Guerra. Nunca antes vio el mundo un enfrentamiento de tal magnitud y nadie deseaba ver otro igual.
Antecedentes del conflicto
Las causas más inmediatas de la Gran Guerra hay que buscarlas en varios hechos que, fundamentalmente, crearon el ambiente propicio para el conflicto.
Para comenzar, el Gran Imperio Británico lo era en verdad, sus dominios abarcaban 30 millones de kilómetros cuadrados, es decir una cuarta parte de la superficie terrestre, y su flota de guerra era casi tan poderosa como la suma de todas las flotas más fuertes del resto del mundo, en pocas palabras era el dueño indiscutible de los mares.
El Imperio Alemán, con un territorio de 2.5 millones de kilómetros, no estaba dispuesto a conformarse con un segundo lugar. Comenzó a invadir con sus productos mercados tradicionalmente ingleses y, al mismo tiempo, aumentaba peligrosamente su poderío naval.
Francia estaba resentida con Alemania desde que, en 1870, esta le arrebatara Alsacia y Lorena; Bulgaria, Grecia y Serbia acababan de derrotar a Turquía, aliada de Alemania; y el Imperio Austrohúngaro se había anexado las provincias de Bosnia y Herzegovina.
La tensión era grande en la Europa de aquel momento, una tupida red de alianzas se fue tejiendo entre las distintas potencias, cuyos intereses estaban en pugna; algunas de estas, como la de Gran Bretaña y Francia, eran secretas, dando a sus oponentes una falsa apariencia de debilidad, lo cual podía animarles a declarar la guerra... solo necesitaban una excusa......
Una excusa para luchar
El 28 de junio de 1914 fue asesinado en Sarajevo el heredero al trono austrohúngaro,
el Archiduque Francisco Fernando, y su esposa. Casi un mes después, el 23 de julio, el gobierno austriaco exige al gobierno serbio la detención y castigo de los culpables y de algunos funcionarios cuya complicidad parecía obvia, dando un plazo de 48 horas para contestar y comunicar las medidas a tomar. Una semana antes Gran Bretaña había movilizado su flota del mar del norte.
Al día siguiente, el 24, Rusia declaró que no podía permanecer ajena al asunto y se prestó a defender a Serbia; el gobierno austrohúngaro trató de aclarar que su intención era exigir el castigo de los asesinos del archiduque, no la de atacar Serbia. Sin embargo, Rusia movilizó parcialmente sus tropas hacia las fronteras occidentales.
Las grandes potencias de uno y otro bando parecían sentir un ansia incontenible de ir a la guerra, y ya nada podía detenerles.

